Vlorë

  • Post by Gabriela Mathieu
  • May 01, 2018
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Álbum de fotos

Vlorë

No vayan a Vlora pensando como yo que habría playa -eso decían algunos blogs- y para acortar el viaje entre Himara y Tirana. Fue un fiasco total, el peor lugar del viaje en el que además me quedé dos noches en un hostel que era la única huésped y no funcionaba el wi-fi. Un niño me miró y siguió unos metros como para robarme en una calle medio desierta a pleno mediodía pero mis cuidados de vivir en Sudamérica hicieron que lo mirara para indicarle que no me iba a dejar robar y apuré el paso. Me quedaba de paso entre el puerto y mi hostel pero no volví a tomar esa calle.

Fue en el lugar que más extraña me sentía porque claramente era la única no albanesa por ahí, es que no había playa aunque había gente tomando sol sobre una arena llena de barro. Mi falta de rasgos albaneses fue un claro llamador en toda Albania, pero más ahí que no había otrxs viajerxs. Para esa altura ya no usaba el gorro con la estrella roja que me causó más de una mirada de desaprobación por toda la costa albanesa y su capital, pero el sol seguía pegando fuerte.

Cuando llegué al hostel, estaba muy entusiasmada de conocer un nuevo destino, la habitación tenía baño adentro y estaba en buen estado. La señora que me atendió, a la que mis palabras en inglés resultaron ruido, se mostraba muy amable y me cobró 5 euros en lugar de 8 y yo dejé pasar su error - por suerte-. Nuestro intercambio más fructífero fue un poco en italiano.

El hostel era una pensión universitaria que en esa época del año estaba desierta y como en otras partes, en el verano la utilizaban de hostel. Si hubiera funcionado el internet no la hubiera pasado tan mal, pero no hubo caso, en ninguno de los dos días que estuve se arregló. La cocina no resultó ser lo que pensaba, no había utensillos así que ya que todo era muy barato en la ciudad, hacía el desayuno y almuerzo en la calle y para la cena -de tardecita- me compraba alguna tarta en una panadería donde todo era riquísimo y muy barato si hacía la conversión a pesos uruguayos.

Mientras me disponía a escuchar música en un evento que estaba por comenzar en la zona del puerto, compré una cerveza y comida y me senté en una de las mesas que allí había. Se me acercó un niño a pedirme dinero. Le hice señas de que no le daría, una vez, dos veces, a la tercera fue tanta la ira que vi en su mirada que le di el sándwich y se fue. La paradoja del capitalismo: yo me sentí violentada por un niño vulnerado por este sistema de mierda. Yo fui la europea que se negaba a darle algo que le quitan sistemáticamente a parte de la población albanesa. Nunca me sentí segura en ese lugar y después de eso solo deseaba irme pero aún me quedaba un día más. Al día siguiente solo me dispuse a ir al bar de la esquina del hostel para comer y aprovechar internet. Dar una vuelta por ahí mismo para seguir agarrando la conexión, esperar que se libere el banco donde llegaba la señal y volver al hostel para dormir y esperar que pasen las horas.

Vlorë